En los últimos días, la comunidad china en España está siendo la gran protagonista de los medios de comunicación debido al destape, por las fuerzas de seguridad del estado, de una supuesta red china de blanqueo de capitales.

El colectivo chino es noticia en los últimos días debido a la denominada como ‘Operación Emperador’, pero China es noticia también por otros aspectos menos conocidos por el gran público y que afectan al sector de la alimentación.

Negocios como bazares, tiendas de ultramarinos o restaurantes especializados en comida oriental conviven en las ciudades y pueblos españoles con otro tipo de negocios más tradicionales de occidente. El consumidor del siglo XXI está acostumbrado a deambular por las calles y encontrar cada vez más negocios dirigidos por ciudadanos chinos que residen en España. Cada vez son más los productos que el consumidor adquiere con la etiqueta ‘made in China’. Ahora bien, ¿Se extiende esa etiqueta mundialmente conocida al mundo de la alimentación?

Los restaurantes chinos se han popularizado en España en los últimos años, tanto que se han convertido en una alternativa a los restaurantes tradicionales, pero existen otro tipo de alimentos más afines a la cultura occidental que también provienen de China. Quizá el consumidor desconozca el hecho de que un porcentaje alto de los ajos que se comercializan en todo el planeta provienen de este país oriental, y puede que tampoco sepa que China es el país que más miel exporta al resto del mundo.

También el salmón ahumado que se consume en occidente pasa por este país milenario; allí, en fábricas con condiciones laborales que distan mucho de las habituales en los países occidentales, este pescado es procesado por las manos de sus trabajadores.

En cuanto a frutas y verduras, China también es el productor más importante del mundo: Peras, fresas, boniatos, cítricos, plátanos, sandías, mangos, piñas e incluso cacahuetes entre una larga lista de productos que China exporta al resto del mundo. Al igual que sucede con el mercado textil, muchos de estos productos compiten con los alimentos procedentes de España y sus invernaderos.

Es obvio que la exportación china en lo que respecta al sector alimentario está creciendo, y puede que en un futuro el sello ‘made in China’ sea adherido a gran parte de los productos que se consumen en España y el resto de Europa.

Hace escasas semanas, el Instituto Nacional de Consumo alertaba acerca de cuarenta productos no alimenticios cuyo consumo podía tener consecuencias negativas para la salud del usuario. De entre ellos, una cifra bastante alta, en concreto diecinueve, habían sido fabricados en China. Estas y otras noticias tienen como consecuencia la desconfianza del consumidor español hacia los productos chinos. Cabe preguntarse ahora si esas reticencias son extensibles al sector alimentario, un sector que cada día alberga mayor cantidad y variedad de productos chinos, y ello a pesar de la desinformación de gran parte de la ciudadanía.

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