Hablar en España del sector de la alimentación (que incluye a la producción y distribución de diversas bebidas) equivale hablar de unos de los motores que cada día más contribuye al desarrollo económico y social de nuestro país.

No solo por su contribución al PIB o por la riqueza económica que genera el sector cada año y el número de empleos con el que contribuye a la estabilidad y crecimiento de España. Sino también porque cumple la función de brindar servicios básicos e ineludibles a los consumidores en el territorio nacional (e internacional).

Sin embargo, reducir la alimentación en España al mero dato económico es quedarse cortos o tener una visión escasa. Hablar de alimentación es también (al menos en España) hablar de cultura e identidad. Los productos nacionales reflejan la calidad y diversidad de la comida y la cocina española, valores que le han valido a nuestra producción, a nuestra alimentación, a nuestros platos, el reconocimiento internacional.